Sustitución de un cristal roto de automóvil

El segundo de los puntos a tratar sobre las lunas, y que indicamos al principio de este apartado, consistía en dar unos consejos sobre la forma de llevar a cabo la sustitución de un cristal roto. El caso del desmontaje de un cristal, como hemos estudiado hasta ahora, se refiere a aquellos casos en los que, por necesidades de la reparación, se debe desmontar una luna no dañada, guardarla y volverla a montar cuando las planchas vecinas afectadas han sido correctamente reparadas. Es natural que, además de este caso, exista también el hecho de que la luna misma esté agrietada y altamente deformada, en el caso de tratarse de una luna laminada, o bien que el cristal esté fraccionado en pequeños trozos unidos, sin embargo, entre sí y en el caso de una luna templada, con algún boquete más o menos grande ocasionado en el momento del accidente.

En ambos casos es necesario sacar el cristal y sustituirlo, pero especialmente en el segundo existen, durante el desmontaje, algunos serios riesgos que hacen que el operario deba saber qué hacer en estos casos. Cuando se presenta en el taller un coche con un cristal templado en el parabrisas que está roto, para hacer el cambio, lo primero que se ha de conseguir es acabar de romper el cristal para sacarlo de su alojamiento. En esta operación se ha de cuidar de que no se produzcan los dos casos siguientes. De una parte, que el operario esté lo suficientemente protegido para no recibir heridas en el cuerpo ni, sobre todo, en los ojos al acabar de sacar los cristales partidos. De otra parte, es necesario cuidar que cuando se produzca la rotura general de la luna los pequeños fragmentos de cristal no vayan a proyectarse contra zonas pintadas de la carrocería a las que pueden rallar fácilmente en estas condiciones.

Por lo tanto, lo primero que se ha de hacer es proveerse de una manta para colocarla cubriendo las planchas que quedan delante del parabrisas y pasando a tapar con todo cuidado cualquier posible entrada de aire que el diseño del automóvil haya previsto en la parte delantera para evitar a toda costa la posible entrada de fragmentos muy pequeños de cristales en estas zonas comprometidas. Del mismo modo es necesario cubrir los asientos con una tela grande o una manta, sobre todo para impedir que pequeños fragmentos de cristal se alojen entre las costuras o pliegues de la ropa o por el suelo del habitáculo donde hay zonas, como las de la presencia del freno de mano y los asientos, en las que es muy difícil poder acceder para limpiarlos.

Por otra parte, es el propio operario el que debe prepararse para realizar este trabajo a base de llevar el cuerpo cubierto de ropa e ir equipado con unos guantes gruesos además de gafas de seguridad y la cara cubierta para evitar las posibles proyecciones de fragmentos de cristal que pudieran salir disparados durante la operación de destrucción de la luna. Tomadas estas precauciones previas, y con la ayuda de un martillo, se procede a hacer saltar en pedazos el resto de la luna que todavía se mantiene sujeta a las guías. Tal es el caso que se está llevando a cabo en la figura 56. En poco tiempo se podrán hacer saltar todos los pedazos de cristal que podrán recogerse en las mantas que previamente habíamos colocado, tanto del exterior como del interior.

Hay que asegurarse de quitar todo resto de fragmentos de cristal de la guía de goma de contorno, sobre todo si se aprecia que ella se encuentra en buen estado y puede ser perfectamente aprovechada para la colocación de una luna nueva. Con el fin de conseguir una menor dispersión de los fragmentos de cristal es buena norma proceder a poner tiras de papel adhesivo a lo largo de determinadas zonas. De este modo, los restos de la luna que se está extrayendo se desprenden agrupados.

También hay que insistir en que por el interior del habitáculo no se cuelen trozos de cristal por las rejillas de calefacción, pues podrían llegar hasta la turbina y ocasionar desperfectos. Así pues, el operario debe asegurarse de tapar toda entrada de aire de estos conductos. Por último, debemos aconsejar siempre al operario que trabaje de adentro hacia afuera para impedir que la mayor parte de los fragmentos caiga en el interior del habitáculo del automóvil ya que aquí es más difícil su localización y limpieza. Los cristales laminados, que son los que se usan en el parabrisas con total preferencia en los coches modernos, como que no suelen fraccionarse de esta forma, no precisan de este tipo de cuidados.

Una vez realizada la retirada del cristal averiado de la forma que se ha dicho, todos los demás trabajos de montaje de una luna nueva, ya sea pegada o instalada en una goma de contorno, etc., deben seguir los mismos trabajos que hemos descrito con detalle en el apartado anterior, es decir, en el denominado «trabajos del chapista con las lunas». Con lo dicho damos por terminado el tema de las lunas y de los trabajos que en ellas debe realizar el planchista.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *