Cambio de lámparas del automóvil

Obviamente no sólo son los faros los que pueden sufrir un apagón por haberse fundido una lámpara. Cualquiera de las lámparas del automóvil pueden estar afectadas por semejante incidente. De ellas, las más peligrosas en ruta son las lámparas del stop trasero, o lámparas de freno, las cuales hemos de vigilar con especial cuidado, pues en caso de un frenazo más o menos brusco, si ninguna de nuestras lámparas de stop se ilumina, puede este hecho restar importantes segundos a un automóvil que nos siga y hacer más lenta la reacción de su conductor para permitirle frenar, a su vez, con eficacia, de modo que puede precipitarse contra nuestro coche con las consecuencias imaginables.

Todas las demás lámparas pueden darnos siempre un margen de tiempo suficiente para que podamos acudir al taller con el fin de que nos las cambien, pero no así las lámparas de stop que, en un largo viaje, tenemos que saber cambiar sin dudas ni vacilaciones.

Estas lámparas de freno se encuentran, por supuesto, en la parte trasera, en un conglomerado de luces, donde se encuentran, al mismo tiempo, las lámparas de las luces de posición, las luces intermitentes de los indicadores de giro, los faros de marcha atrás, etcétera. En la figura 7 podéis ver uno de los muchos ejemplos que podríamos poner sobre el lugar ocupado por todo este conjunto de luces agrupadas en estos focos tapados con una elegante carcasa de plástico.

Generalmente estos faros se desmontan por detrás, es decir, por la parte interior del cofre del equipaje o maletero. En la figura 8 tenemos un ejemplo de la forma de quitar este conjunto de luces traseras comenzando por la retirada de la caperuza protectora.

Una vez retirada esta caperuza tendremos acceso a retirar el conjunto del portalámparas múltiple el cual quedará en nuestras manos de la misma forma que se muestra en la figura 9.
Como puede verse en esta figura, llegados a este punto del desmontaje, tenemos a la vista la posición de todas las lámparas del equipo trasero (a excepción únicamente de la iluminación de la matrícula) que un automóvil posee en uno de sus lados.

Desde este punto nos será fácil proceder a sacar la lámpara que se encuentra fundida y pasar a sustituirla. Todas estas lámparas van sujetas por medio del sistema llamado «de bayoneta» que requiere, para su extracción presionar hacia adentro y dar un giro de unos 60 grados hacia la izquierda si se trata de sacarlas, o hacia la derecha si se trata de reponerlas. Eso es todo.

Algunos problemas con las lámparas de indicación

Acabo de decir «eso es todo» y parece que el trabajo descrito en el anterior párrafo ya no puede presentar más problemas. Pues si señor: Puede presentar más problemas. Y a veces algunos problemas serios para un principiante. Cierto que en condiciones normales no deben producirse dificultades de ningún tipo, pero las cosas pueden torcerse, y lo hacen en el siguiente sentido.
Así como los faros principales van muy protegidos del agua y del polvo, de modo que difícilmente tendréis dificultades para sacar la lámpara halógena, no ocurre lo mismo en las lámparas de los pilotos en los que, con el tiempo, es inevitable la entrada de humedad y a veces agua (sobre todo si el plástico se ha roto y hemos tardado tiempo en reponerlo); además de polvo, con lo cual los casquillos de las lámparas producen herrumbre y se agarrotan en sus alojamientos. En estas condiciones es frecuente que las lámparas tengan grandes dificultades para dejarse manipular de modo que el sencillo giro a la izquierda que dijimos era necesario para llevar a cabo su desmontaje, os cueste más de lo previsible o incluso os parezca que es imposible darlo y con ello proceder a la retirada del casquillo.

Os voy a dar algunos trucos que estoy seguro os van a servir en más de una ocasión. En primer lugar hay que tener en cuenta que las lámparas suelen ser de un diámetro relativamente pequeño y estar colocadas en zonas profundas que hacen difícil la manipulación en ellas, pues nos es difícil asirlas con más de dos o tres dedos, de modo que esto limita mucho la fuerza que podamos ejercer.

Por otra parte hemos de cogerlas por la zona del cristal, el cual es resbaladizo, de modo que la lámpara puede negarse a girar. En estas condiciones uno de los trucos más primarios puede consistir en ponerse un guante de goma y actuar con él, aprovechando que la goma se agarra mucho mejor a la lisa superficie del cristal. Esta es la situación que podemos ver en la figura 10. Por supuesto, se necesita que el guante se encuentre bien seco para que pueda cumplir con efectividad su misión.

Ya sé lo que vais a decirme: Difícil será que, en ruta, encontremos en nuestro maletero, o en nuestro arsenal de emergencia, un guante de goma para realizar esta hazaña, de modo que la solución no os gusta. Bueno: Total, basta con aplicarle a la cosa un poco de salsa de imaginación: ¿Que os parece si, en vez de utilizar el guante, envolvéis con cinta adhesiva la parte de cristal de la lámpara y actuáis directamente sobre ella? Cinta adhesiva sí que la tenéis en vuestro maletero. Entonces podéis actuar de la misma forma que se indica en la figura 11.

Pero puede ocurrir que la lámpara se resista a salir de su alojamiento, e incluso puede ocurrir que se os rompa la cápsula de cristal y el casquillo quede aprisionado en el interior del portalámparas. Ahora se tendrá que actuar de otra manera que ya veremos pero vayamos por partes. Supongamos que, partiendo de la posición mostrada en la figura 11, notamos que la lámpara se muestra muy firme y sin las menores ganas de salir de su alojamiento. Deberemos acudir a procedimientos más enérgicos.

Cambio de lámparas del automóvil Glosario y Manuales

Por ejemplo, y de entrada, podemos acudir a colocar aceite fluido, del tipo de aerosol (Seis en uno), rociando la parte interna del casquillo. Esperemos unos minutos y volvamos a la carga. Es probable que ahora el casquillo se decida a moverse y, en cuanto lo haga, aunque sea solamente un poco, ya podemos decir que la lámpara es nuestra.

Pero en el supuesto de que la lámpara se mantuviera todavía firme en el portalámparas sin dar la más mínima señal de aflojamiento, el segundo paso consistiría en forzar el cristal de la lámpara tanto como fuera posible, sin importar que llegara a romperse el cristal y a desprenderse de su casquillo. (Mucho ojo a no clavarse algún cristal en una fortuita rotura de la cápsula o bulbo de la lámpara. Para ello se debe actuar protegiéndose los dedos con la ayuda de un trapo o por el sistema de encintado que hemos visto en la figura 11).

Una vez roto el cristal nos quedará a la vista el obstinado casquiIlo. La operación que viene a continuación consistirá en buscar un corcho, tal como el tapón de una botella, y, de la forma que nos muestra el dibujo de la figura 12, clavarlo tan fuertemente como sea posible en los bordes del casquillo. Ello nos dará una buena base para poder ejercer una buena dosis de fuerza sobre el casquillo y muy posiblemente no nos será difícil ahora la retirada del casquillo agarrotado.

Sin embargo, si todavía el procedimiento no da resultados positivos (o no se dispone, en ruta, del corcho) se puede acudir a un último sistema consistente en la destrucción del propio casquillo, con la ayuda de unos alicates y de la forma que se aprecia en la figura 13. Por medio de los alicates podemos llegar a ofrecer una fuerza más que considerable, de modo que es seguro que el casquillo saldrá del portalámparas.

El sistema del corcho es, sin embargo, mucho más aconsejable puesto que el procedimiento de los alicates puede llegar a deformar el asiento del casquillo y representar una dificultad de ajuste y asiento de la nueva lámpara. Por eso hay que obrar con cierto tacto cuando se usan los alicates con el fin de no deformar esta parte.

Con lo dicho vamos a finalizar esta descripción. Pero antes de despedirme del tema de cambiar lámparas he de deciros que solamente en casos extremos de lámparas que son muy viejas y están en malas condiciones de protección, generalmente por rotura o agrietamiento del plástico, se puede llegar a estos extremos tan dificultosos que he descrito, en lo referido al desmontaje de las lámparas indicadoras. Mi intención es sólo la de daros instrucciones para el peor de los casos, pero no para el más corriente de los casos que, afortunadamente, consiste en sacar la lámpara vieja sin problemas y sustituirla por otra nueva, también sin el menor problema.

Con este capítulo nos despedimos de los problemas que, desde el punto de vista eléctrico, pueden presentársenos en ruta y cuya resolución deba hacerse en plan de emergencia para mantener la seguridad de la marcha. En el próximo capítulo estudiaremos también una avería bastante frecuente, que puede dejarnos «tirados» si no sabemos realizar una reparación de emergencia. Nos referimos al tema de las correas. Ya lo veremos.




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