Aplicación de las masillas

Aplicación de las masillas

La técnica de aplicación de las masillas es bastante sencilla. Las operaciones que requiere son las siguientes:

Pongamos como ejemplo el caso de la pequeña abolladura representada en la figura 39 que ya vimos anteriormente y sobre la cual se suponía que íbamos a trabajar. Tras realizar el desabollado por el sistema de martillo deslizante que explicamos, y el posterior lijado de la parte afectada, se procede a la aplicación de la masilla, que suele realizarse con una espátula, procurando cubrir de una forma homogénea toda la superficie previamente lijada (Fig. 53). La capa de masilla ha de ser de muy poco grosor, lo necesario para cubrir la chapa sin que ésta se vea.

Cuando la capa ya está extendida se espera a que se seque la masilla el tiempo indicado por el fabricante (que será cosa de unos minutos). La masilla seca presenta una superficie granulada que será necesario lijar y afinar, del modo que nos muestra la figura 54 hasta notar al tacto que la superficie masillada queda completamente lisa. Concluida esta última operación la superficie de la plancha ya queda preparada para que sobre ella se apliquen las capas de protección y las de pintura.

Según la zona en que se encuentre la abolladura reparada es aconsejable que, antes de proceder al masillado, se aplique sobre la superficie al descubierto de la plancha una capa de imprimación antioxidante. Como alternativa al masillado, y en casos concretos, puede utilizarse el procedimiento de aplicar estaño en la superficie a tratar. El estaño tiene la ventaja adicional de ser un excelente antioxidante. Su aplicación corresponde, de hecho; a un procedimiento antiguo de trabajo, pero que todavía puede utilizarse con éxito para superficies reducidas de plancha reparada de la forma que hemos estado viendo a lo largo del presente apartado.

El estaño se aplica en forma de polvo directamente encima de la plancha al descubierto, una vez se han esmerilado todas las capas de pintura y las interiores protectoras de la plancha. Después se dan algunas pasadas con el soplete hasta conseguir que el estaño empiece a fundirse, cosa que hace alrededor de los 250 °C. En este momento, y con una espátula, trabajando de manera similar a como se hace con las masillas, se procede a la homogeneización de la superficie tratada hasta dejarla completamente lisa. El trabajo con el estaño no es complicado. Sin embargo, actualmente el sistema más universalmente utilizado es el uso de las masillas, que son más baratas, todavía más fáciles de aplicar y con ellas se obtienen mejores resultados finales.




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