Motor de automóvil congelado

El circuito de refrigeración de un motor puede ser alimentado con agua que, como es bien sabido, tiene su punto de congelación a 0 °C, y también con líquidos especialmente preparados, con mezclas de inhibidores y anticorrosivos, mediante los cuales el índice de congelación del líquido queda por debajo de los 0 °C. Generalmente los vehículos salen de fábrica con su circuito relleno con estos líquidos de refrigeración, pero, con el tiempo y a través de posibles fugas y evaporaciones, se suele ir reponiendo el nivel de este líquido y el grado de baja temperatura que el líquido resultante pueda soportar viene a resultar una incógnita.

Cuando se tiene que circular por lugares muy fríos es muy conveniente que el conductor conozca hasta qué grado bajo cero lleva protegido su motor porque, de otro modo, puede encontrarse, por la mañana (y especialmente si deja su coche al raso) con la desagradable sorpresa de que su líquido de refrigeración se haya helado y permanezca de forma sólida en el interior de todos los circuitos de paso que hemos visto en la figura 1. Si esta situación llega a producirse, la puesta en marcha del motor va a ser más que dificultosa.

Pero me apresuro a decir que, de todas maneras, no os preocupéis, porque ahora os diré una forma de actuar que será capaz de sacaros de este delicado apuro. Antes de llegar a esta explicación quiero insistir en la necesidad de que siempre os proveáis de un líquido de refrigeración cuyo índice de congelación sea lo suficientemente bajo como para resultar acorde con las bajas temperaturas que previsiblemente deberá soportar el automóvil durante su largo período de inactividad durante la noche en una zona muy fría.

Si cumplís esta elemental norma no vais a tener problemas, ni tampoco, por supuesto, si por la noche protegéis el motor manteniendo el automóvil en un garaje (o, por lo menos, en un cobertizo) lo que os puede dejar por completo libres de este defecto. Si ello no os es posible también saben los habitantes de los lugares muy fríos que se logran buenos resultados abrigando el motor con una manta o, incluso, con paja, (o, en el peor de los casos, con ramas) tal como hacen los labradores, en el campo, con sus tractores. En estas condiciones un motor caliente al llegar del viaje puede mantener durante toda la noche una temperatura en su interior de 3 a 5 grados más caliente que en el exterior, incluso después de haberse enfriado por completo.

Pero puede ocurrir también que no hayáis tomado ninguna de las precauciones que se mencionan anteriormente y que, por la mañana, os llevéis la desagradable sorpresa de que vuestro motor no gira y no precisamente por culpa de la batería (cosa que también podría ser) sino porque el motor está, sencillamente, trabado. Para tener la seguridad de que el motor se ha congelado (ya sabemos que un motor puede no arrancar por otras muchas causas que hemos visto anteriormente) bastará que con la mano apretemos el manguito principal de la refrigeración, es decir, el tubo por donde circula el agua caliente cuando el motor está a temperatura de régimen. Esta es la operación que se está haciendo en la figura 2.

El manguito principal se localiza porque va a parar al radiador y sale de la culata de modo que su identificación es bien sencilla. Si apretándolo con la mano observáis que en su interior hay pedazos sólidos ya no os debe caber más duda de que vuestro sistema de refrigeración se ha congelado.

En estas condiciones olvidaos por completo de insistir con el motor de arranque: en poco tiempo os quedaríais sin batería. Lo que sí debéis hacer es pasar a vuestra casa y preparar un buen perol con agua, y ponerlo al fuego para que el agua se caliente hasta un punto de alrededor de los 70 u 80 °C, pues no sería bueno que el agua estuviera cercana al punto de ebullición ya que, para el uso que vamos a darle, podría producir malas e indeseables tensiones en los materiales si el agua se halla excesivamente caliente.

Una vez el agua en estas condiciones trasladarla hasta el coche y con la ayuda de un bote, la vais lanzando lentamente sobre el lugar ocupado por la bomba de circulación del agua, de modo que tome temperatura y vaya deshelándose. Con ello conseguiremos que el líquido helado que ha quedado entre las palas internas de la bomba se convierta de nuevo al estado líquido y la bomba pueda, de esta forma, girar sin ofrecer excesiva resistencia al giro que le imprime el motor por medio de la polea (4) que vimos en la pasada figura 1.

A continuación debéis verter el agua caliente sobre los manguitos, tanto sobre el principal de la parte superior, que hemos visto en la figura 2, como en el manguito inferior que se acopla al radiador por la parte baja del mismo (figura 3), hasta conseguir que los pedazos sólidos que habíamos advertido antes en el interior del manguito hayan desaparecido por completo e incluso que notemos que el manguito se haya calentado un poco.

Motor de automóvil congelado Glosario y Manuales

A continuación y sin pérdida de tiempo para que no se enfríe de nuevo el circuito, se procede a sacar el tapón de llenado del radiador (o de la botella de expansión si el radiador no tiene tapón) y a aflojar el tornillo de drenaje del radiador, el cual se encuentra en la parte baja del mismo.

Un ejemplo lo podéis ver en la figura 4, en donde se ha dibujado aleo tan difícil como el lugar donde se encuentra este grifo de drenaje o tapón de desagüe. Para realizar esta operación os bastará, generalmente, con una llave fija. Llegado a este punto en que tanto la bomba como los manguitos han sido desobstruidos y los tapones sacados, ya se puede pasar a poner en marcha el motor y a mantenerlo a ralentí en cuanto arranque.

En esta situación se procederá a ir echando agua caliente por la boca de llenado, es decir, por donde hemos sacado el tapón. Veremos que por el tubo de drenaje sale un agua extremadamente fría mientras la caliente va ocupando su puesto en el interior del radiador. En cuanto se observe que por el tubo de drenaje sale agua medianamente templada, hay que proceder a tapar de nuevo este orificio. Mientras se realizan todas estas operaciones es conveniente estar siempre atentos a lo que indica el reloj de temperatura que existe en el panel de instrumentos pues puede ocurrir que, a pesar del rigor del frío reinante, la temperatura de la culata suba demasiado. Ello es debido a la poca cantidad de líquido que puede encontrarse en el circuito al estar en parte helado, lo que significa que la refrigeración es ahora muy deficiente.

Si ello ocurriera debéis parar el motor e insistir en el aporte de agua caliente a la espera de que la temperatura ahora excesiva del motor se reparta debidamente por todos los rincones del circuito.

Al cabo de un tiempo prudencial, volver a poner en marcha el motor y ya veréis como ha ido recuperándose y entra en el terreno de la normalidad, en lo que a su funcionamiento se refiere.
Un motor que se ha congelado puede tener algunos desperfectos que se notarán, posiblemente a la larga, de modo que no es conveniente que una situación como esta llegue a presentarse en vuestro automóvil. Como dice el viejo refrán popular, «es mejor prevenir que curar», de modo que desde el primer momento deberéis tratar de proteger el motor para que esta situación no se le presente, siguiendo para ello los procedimientos que hemos indicado al principio de este mismo párrafo.




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