Desabollado por taladrado

Desabollado por taladrado

En este primer sistema el proceso a seguir es el siguiente, explicado en cada una de sus fases:

  1. El primer paso (Fig. 40) consiste en hacer un taladro en el centro de la abolladura con una broca que sea de diámetro ligeramente inferior al de la punta de rosca (R, en la Fig. 38) o igual al del gancho (P). La broca más usual es la de 3 mm.
  2. El siguiente paso (Fig. 41) consistirá en introducir la punta (R o P, según los casos) en dicho taladro. La punta R se sujeta gracias a su rosca y la P gracias a su forma acodada.
  3. El último paso (Fig. 42) será el accionamiento del contrapeso (C) hacia el exterior hasta que golpee contra la base del mango (señalada con A en la Fig. 38). Este movimiento percusor del contrapeso equivale al picado con un martillo, desde el interior, en el punto exacto donde está el taladro. El modelo de martillo deslizante que aparece en las figuras 41 y 42 es un ejemplo más esquemático que el dibujado en la figura 38.

En algunas ocasiones en las que se trata de reparar abolladuras muy profundas o que han ocasionado algún plegamiento importante, hay que hacer taladros también en otros puntos de la abolladura, especialmente en la zona de la cresta. El trabajo con el martillo deslizante se hará en cada uno de estos taladros actuando en uno u otro, según vaya evolucionando el desabollado.

También es frecuente que muchos operarios combinen el martillo de deslizamiento con el picado con un martillo de aplanar en una acción semejante a la que puede verse en la figura 43, con lo que los resultados de acabado pueden ser mejorados.

Como un truco de taller y en el sentido de proporcionar más información al lector, hay operarios que se las ingenian sin el martillo deslizante. La operación queda representada en la figura 44 y la observación de la figura ya indica por sí sola el procedimiento. Se trata de hacer uso de una simple mordaza o entenalla para realizar un trabajo equivalente en el caso de pequeños bollos en la plancha. Una vez hecho el taladro se rosca un tornillo (1) y con la entenalla (2) se tira hasta invertir el sentido de la abolladura. Naturalmente este sistema es muy primitivo y sólo puede esperarse de él un buen resultado si el operario es muy hábil y la abolladura muy poco significativa.




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